Diseñar para un espacio tan reducido con el que millones de personas interactúan diariamente es un reto complejo, especialmente cuando se busca sintetizar la identidad de una de las metrópolis más grandes del mundo. Ese fue el desafío que asumió el ilustrador y arquitecto mexicano Kevin Cuevas, quien recibió el encargo por parte del Gobierno de la CDMX tras el antecedente de su mural La ciudad que se construye a sí misma en 2024. Con solo cuatro meses para conceptualizar y producir la propuesta, Cuevas apostó por una estética maximalista que desafía el miedo al vacío y satura el plástico de narrativa visual.

La figura central del diseño es la diosa prehispánica Coatlicue, utilizada como una poderosa metáfora de la Ciudad de México concebida como un organismo vivo. En una reinterpretación contemporánea, su emblemática falda de serpientes se transforma en las líneas y rutas de la Red de Movilidad Integrada, conectando de forma simbólica los territorios e historias de la capital. Sobre este lienzo mitológico se despliega un mapa isométrico en tercera dimensión que resalta joyas arquitectónicas de la CDMX como la Torre Latinoamericana, el Palacio de Bellas Artes y el Monumento a la Revolución, mostrando una ciudad en constante movimiento y construcción.
El diseño también incorpora elementos contemporáneos y festivos: el Ángel de la Independencia, un gran balón de futbol como símbolo de comunidad, y a “Ajologol”, la mascota oficial de la CDMX para el Mundial. De acuerdo con el autor, el transporte colectivo es el punto de encuentro por excelencia de la diversidad chilanga, por lo que intervenir este objeto cotidiano busca que los pasajeros se reconozcan como parte de la comunidad solidaria de la Ciudad de México a través del arte urbano.

